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El 90 por ciento de los españoles tiene dolor de espalda al menos una vez al año y el 60 debe soportar dolor lumbar por lo menos una vez en su vida. La mayoría recurre
a cargamentos de analgésicos y antiinflamatorios para dejar de sentirlo, pero hay pacientes para los que el dolor se cronifica y ni la rehabilitación ni la cirugía logran calmar esa sensación insoportable con la que han de vivir. María Rodríguez lleva 20 años con fibromialgia, artrosis generalizada y asma; el reumatólogo le ha recetado
parches de morfina, pero tuvo que dejarlos porque le provocaban intolerancia. Estaba desesperada cuando, en 1999, su médico de familia le propuso recibir una sesión
semanal de acupuntura en su propio centro de salud de Dos Hermanas, en Sevilla.
«Desde entonces, me ha cambiado la vida. Cada vez que me pinchan, se me quita la rigidez y la inflamación de las caderas; me encuentro bien durante unos días y ya no
me siento tan limitada», cuenta. El responsable de que exista una Unidad del Dolor con acupuntura en este ambulatorio sevillano se llama Jorge Vas y es un médico de familia que consiguió el título de acupuntor en la Universidad de Ciencias Médicas de Pekín.
Vas describe el problema de María como «un estancamiento de chi en el hígado y una insuficiencia de la energía del bazo, según la terminología de la medicina tradicional
china». Es un médico occidental, pero receta acupuntura dentro del Sistema Nacional de Salud. ¿Cómo es posible? «Este servicio se puso en funcionamiento hace casi 11 años, cuando hice una propuesta al Distrito Sanitario y ellos lo aprobaron.»
La acupuntura no figura en la cartera de servicios de la sanidad pública y los más críticos aún la consideran una paraciencia. Sin embargo, ocho hospitales de Andalucía
(en Granada, Córdoba, Cádiz y Málaga) cuentan con médicos acupuntores adscritos a las unidades del dolor y dos hospitales en Cataluña –Santa Tecla de Tarragona y el
Hospital de Mataró– tienen programas en periodo de pruebas. Estas unidades existen, en primer lugar, porque en algún momento hubo un profesional que decidió impulsarlas; después, porque la dirección del centro apoyó su iniciativa y, finalmente, porque la Consejería de Salud de la comunidad autónoma optó por autorizarla. Rafael Cobos, presidente de la Sociedad de Acupuntura Médica de España (SAME), fue el primer médico que introdujo, hace 20 años, la acupuntura en un centro público: el hospital Virgen del Rocío de Sevilla. «Al principio fue muy difícil convencer a las autoridades –cuenta– porque la aplicación de procedimientos en los
sistemas públicos de salud se basa estrictamente en las evidencias, y a finales de los 80 no había casi estudios fiables que demostraran la eficacia de la acupuntura.» Sin
embargo, en la última década han proliferado las investigaciones, y los resultados positivos son definitivos. Al menos, para el tratamiento de artrosis de rodilla y cefaleas.
«Con las agujas se provoca la estimulación de la médula espinal y de unas áreas cerebrales que liberan una serie de sustancias químicas que tienen las mismas características que la morfina –explica el doctor Cobos–. La acupuntura funciona igual en animales que en hombres, lo que demuestra que tiene un sustrato biológico que
explica sus mecanismos.» Además, en los estudios se ha observado que, tras la aplicación de las agujas, se producen cambios fisiológicos en el cuerpo humano, como
la liberación de neuromoduladores –endorfina, encefalina, dinorfina, lipotropina–, que son unas hormonas que producen cambios en el sistema nervioso central. Se sabe que estas sustancias poseen propiedades analgésicas y producen efectos euforizantes y de relajación, lo que explicaría, al menos en parte, los beneficios de la acupuntura.
El escepticismo en la clase médica con respecto a esta técnica es cada vez menor; de hecho, se estima que ya 3.000 doctores la practican en nuestro país, y prueba de
ello es que la mayoría de los colegios de médicos acogen secciones o asociaciones de facultativos que ejercen la acupuntura. La mayor parte de ellos lo hace en consultas
privadas, cuyas sesiones de 20 minutos pueden costar entre 30 y 100 euros, y como la demanda social no deja de crecer, Sanitas y Adeslas –entre las mutuas privadas– la
incluyen en su cuadro médico.
Parece evidente que la acupuntura posee algún tipo de efecto beneficioso para
quien la utiliza, pero uno de los peligros de la expansión de esta técnica milenaria –aún
estamos lejos de lo que podría ser una popularización– es que se deposite en ella una
expectativa desmedida. «Y no es ninguna panacea ni un `curalotodo´ –aclara Cobos–.
El 70 por ciento de todas sus indicaciones es para el dolor, y el otro 30 es una
miscelánea en la que entran procesos de cuidados paliativos para enfermos de cáncer,
alteraciones ginecológicas y patologías de los órganos de los sentidos, como
retinopatías pigmentarias y acúfenos (ruidos en los oídos), pero no sirve para todo.»
La Agencia de Evaluación de Tecnologías Sanitarias de Andalucía publicó hace
unos meses un repaso de las principales indicaciones de la acupuntura, en el que los
autores incluyeron en el apartado de «eficacia desconocida o controvertida» diversasafecciones tratadas habitualmente en las consultas privadas de acupuntura como la
adicción al tabaquismo, el asma, el colon irritable, el manejo de los síntomas de la
menopausia y las náuseas y vómitos tardíos (horas después de la cirugía o la
quimioterapia). Además, tampoco sirve para adelgazar –puede ayudar a disminuir la
angustia y las ganas de picar–, pero no es, desde luego, el tratamiento idóneo. Sin
embargo, Cobos advierte de que el mayor riesgo no está en la acupuntura en sí, «sino
en que una persona que la ejerza niegue al paciente el acceso a otros procedimientos
médicos que serían los más oportunos. Por ejemplo, que uno tenga una infección y no
se trate con antibióticos o tenga un cáncer y no se trate con quimioterapia y verá lo
que le ocurre. Por eso decimos que es complementaria; no estamos tratando de echar
por tierra todos los avances médicos del último siglo».
La medicina china trata de ayudar a que la `energía vital´ que recorre a las
personas –conocida como `qui´ o `chi´– esté equilibrada, con el fin de que el cuerpo se
defienda solo. En la página web de la SAME se puede leer que «la acupuntura restaura
y mantiene la salud por medio de la inserción de finas agujas en puntos de acupuntura
que se encuentran debajo de la piel. Estos puntos tienen localizaciones concretas y
conectan los canales de energía y los órganos internos, formando un complejo
entramado». Sin embargo, a la mayoría de los científicos les despierta sarpullidos la
palabra `energía´, un concepto etéreo que se utiliza con ligereza en todo contexto new
age. Entonces, ¿qué entienden los médicos acupuntores por energía? «La energía es
una forma de llamar a algo que todavía no sabemos qué es realmente –explica el
doctor Jorge Vas–. Los canales por los que circula, y que se utilizan en acupuntura, se
han intentado ver a través de marcadores radiactivos y con diferentes técnicas, pero no
se ha encontrado ninguna estructura anatómica que lleve esa información. No se sabe
realmente lo que hay y, sin embargo, la experiencia de miles de años y de nuestro
trabajo cotidiano nos indica que, cuando se manipula una aguja, el paciente siente una
sensación a lo largo de ese canal que no siempre se corresponde con el sentido lógico
del nervio.»
Pese a las reticencias mencionadas, a los chinos nunca les ha preocupado
encontrar evidencias científicas del funcionamiento de la acupuntura, ya que para ellos
se trata de una cuestión pragmática. Consideran que su ciencia es distinta a la nuestra,
ni mejor ni peor, y en sus universidades ofrecen la alternativa de hacer medicina
occidental o medicina tradicional, aunque todos los estudiantes están obligados a una
formación complementaria en la otra especialidad. Sus investigaciones suelen buscar
puntos de inserción de mayor efectividad o tratan de averiguar si influye la hora del día
en que se haga la punción, no el por qué de su funcionamiento. Los avalan miles de
años de praxis; de hecho, la medicina tradicional china es la única paleomedicina que
ha sobrevivido a la coexistencia con la medicina moderna. El resto de las prácticas
médicas étnicas ha desaparecido, pero la china continúa desde la noche de los
tiempos, cuando los médicos aún usaban agujas confeccionadas con huesos. «En el
momento en que se trazaron las bases de la medicina china no se conocía la
existencia de elementos como las bacterias, los virus y los patógenos –afirma Vas–.
Ellos observaban que cuando la tierra estaba enfangada y tenía un exceso de agua, las
hojas se amarilleaban; veían al hombre como un elemento más dentro de la naturaleza
y expresaban lo mismo en el cuerpo: `Si este cuerpo tiene humedad, hay que quitársela
´. Evidentemente, cuando un médico occidental escucha sus técnicas piensa que todo
es un cuento chino, pero los principios terapéuticos y la elección de puntos eran
realmente certeros. Así que, aunque su terminología sea más poética que científica, la
acupuntura seguirá ahí y necesitaremos usarla.»
El presidente de la SAME considera, de hecho, la acupuntura una «alternativa
terapéutica más» y rechaza el manido concepto de `medicina alternativa´: «Se usa ese
término como si hubiera alternativas a la medicina, y eso no es cierto. Hay una sola
medicina: la que cura y beneficia a los enfermos, y luego hay alternativas terapéuticas».
Entonces, ¿la acupuntura cura o calma? «Eso no es importante –dice Vas–. Si te digo
la verdad, ni la medicina occidental ni la china curan casi nada: todo depende delmomento en que el paciente venga. Si viene con una artrosis de rodilla, eso no tiene
cura, así que se le alivia. Sin embargo, si tú vienes con una tendinitis en un hombro, y
yo te pongo un punto y te quito el dolor y consigo que lo movilices, esa eliminación del
dolor y de la inflamación va a hacer que se te cure el hombro. Al final, se trata de eso,
de encontrar caminos para que la gente viva mejor.»